Hace unos meses comentaba aquí el asunto de la inmortalidad. Visto desde los progresos médicos en transplantes y regeneraciones, algo verosímil en unos lustros. En aquel texto hacía referencia a las cautelas recomendadas por Jorge Riechmann sobre la complejidad del asunto. Tanto que, la más que posible controversia debiera abordarse con la opinión de varias generaciones. Ahora , siguiendo a Guillaume Renouard y Charles Perragin en su ensayo sobre “Transhumanismo y Singularidad”, veamos más aspectos.

Desde el siglo XI surge el temor al fin del mundo que crece con la aparición de la bomba atómica. En nuestro cambio de milenio, con el vertiginoso desarrollo de las tecnologías, se teme que éstas queden fuera de nuestro control. Se teme que el “homo sapiens” acabe dominado por la inteligencia digital o los robots. Alguien se imagina que los tiempos de Frankenstein están a la vueta de la esquina. Las mismas incógnitas planteadas en la ocasión anterior, y otras nuevas nos pueden surgir en esta ocasión . ¿Se mantiene o aumenta el miedo a lo desconocido? ¿Cuánto hay de mito?¿Quiénes están detrás de todo ésto? ¿A quien beneficia más? …. Veamos.

Antes de morir, el astrofísico Stephen Hawking advirtió: “El desarrollo de una inteligencia artificial general podría suponer el fin de la humanidad. Lo que ha sido la ciencia ficción, con Terminator y la sustitución del trabajo humano por las máquinas abre otra ventana del debate. Siguiendo a Hawking, filósofos como Bostrom, o tecnólogos como Elon Musk de la empresa Tesla, advierten sobre el peligro de las “máquinas supertinteligentes”. Éste ha crecido con el surgimiento del “transhumanismo”, ideología acuñada en Sílicon Valley. Trata de “promover la mejora física e intelectual de los humanos mediante las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial, con vistas a una posible fusión del humano y la máquina”. Como el término anterior, en la ciencia ficción había surgido el de “singularidad”. Lo usó por vez primera Vernor Vinge en 1.993 y seguía las sugerencias de escritores como Asimov. La “singularidad” o el hecho de que la máquina supere al hombre”, surgió también en Sílicon Valley, con intelectuales a su servicio, presentándose como escuela de pensamiento.

Frente a las voces de alarma, mayoritarias en el mundo científico, hay también “transhumanistas” como Raymond Kurzweil o Peter Diamondis. Éstos no ven el transhumanismo como una catástrofe, sino como un acontecimiento deseable, aunque la University Singularity dice perseguir la educación y concienciación a los actores. Entienden que éstos, como empleados de la industria digital, han de afrontar “los grandes desafíos de la humanidad”. Siguen hablando también de “buenas prácticas” asociaciones de expertos y empresas como Gogle, Apple, Faeceboot,IBM o Amazón. Ese conglomerado de empresarios y expertos quienes piden a los líderes sociales que se aparten para que sean ellos quienes tienen pueden y deben anticiparse. O sea que actúen a la vez como pirómanos y bomberos, ellos tan acreditados por el humano trato laboral y fiscal que propician para el común de la ciudadanía. Pese a este enfrentamiento de fondo entre contrarios y partidarios, llegan al consenso en que como el proceso vendrá, habrá que colaborar en que los aspectos negativos lo sean lo menos posible.

Pese a esas buenas palabras, la hegemonía capitalista seguirá su patrón. Por un lado la visión de la promesa con las grandes transformaciones el mundo. Por otro lado informan de un problema para después vender a buen precio la solución. En todo ello utilizan los medios de persuasión y no sólo los de ámbito más popular. En el campo paracientífico se procuran discursos enfatizando aspectos supuestamente favorables a sus intereses. Se llega a decir que la inteligencia artificial ya está en la vida práctica de la policía, la justicia,o en departamentos de recursos humanos. Se defiende también que son una deseable ayuda para no equivocarse en determinadas situaciones. Frente a esa versión idílica y solidaria hay fundamentados argumentos en contra como “armas de destrucción matemática”. En todo caso este conglomerado trata de apuntarse a su altruísmo para ser elegidos como juez y parte. Cada día se puede demostrar que el transhumanismo tiene menos que ver con la ciencia y más con las emociones o la salvación final o milenarista.

Incluso se vuelven a los mitos religiosos acomodando el Apocalipsis cristiano o “el gran despertar hindú”. Las empresas transnacionales tratan de apoderarse, pese a todo y a la vez, del progreso.

 

Foto : Jordi Casasempere