Bastante antes de la huelga del 8 de Marzo, se reflexiona sobre el trabajo de la mujer y el maltrato o muerte que -por serlo- padece. Bien está que en el discurso social, se haya instalado el debate más allá de un “día de”. Por algo se empieza para que sea una preocupación para todo el año. Hace unas semanas tocaba este asunto. Exponía mi preocupación por la educación de la adolescencia actual, principalmente-aunque no sólo- de las chicas. Hay estudios que denotan la gran vulnerabilidad de esta edad ante el modelo-en mayor medida- de mujer propician las modas y modos en la actualidad. Siguiendo ese razonamiento, lamentaba la menor presencia de valores de autonomía e iniciativa en los personajes femeninos.

Hoy, siguiendo un importante trabajo del investigador francés Michel Bozón, quiero reparar en el aspecto de la sexualidad y su evolución. Según cita el autor, podríamos decir que la actual lacra machista tiene poco-o nada que ver-con la evolución de los hábitos sexuales. O, de otra manera, que tiene poco que ver con aquello de “Sodoma y Gomorra” que se diría con dudosa ingenuidad. Dice textualmente Bozón “El machismo no es un trastorno presente en algunos hombres y que bastaría con desmontar intelectualmente y curar. Se trata de un sistema cuyas manifestaciones en un terreno de la vida social se refuerzan con desigualdades en otras esferas, lo que les otorga una espantosa coherencia y las vuelve difíciles de quebrar”. Las desigualdades son: la salarial, el trabajo doméstico, mayor precariedad laboral, débil presencia en política o deporte y el uso del lenguaje y el acoso sexual. Por eso la fuerza del machismo se construye a partir de varios focos y se recompone desde cada uno de ellos. Además, sabe resistir al progreso y a las normas de igualdad formal de sexos, simulando si es preciso. Acorde con todo ello, la lucha contra el machismo debe ser también móvil o revisable.

Hay un aspecto más complicado que tiene que ver principalmente con el arraigo de la desigualad de géneros. Hace referencia a la llamada “legitimidad de la pulsión masculina” En la lucha contra este pensamiento de la diferencia de los cuerpos, el hombre trata de compensar la desventaja de no dar a luz, apoderándose de la descendencia y de la propia mujer. De ahí el concepto del patriarcado, o dominio del padre. La lucha contra ese pensamiento y sus consecuencias es particularmente difícil. Sin embargo, los cambios en la sexualidad son más fluidos. La resistencia del hombre no desapareció, pero si facilitó una mayor denuncia del machismo. A patir de los sesenta y setenta con el aumento de la mujer en el mercado de trabajo, los cambios en la familia y en las leyes, hubo mayores márgenes de maniobra. Éstos se consolidaron con anticonceptivos más seguros, lo que permitió a la mujer una sexualidad y una vida menos sujeta a la procreación y cría de la prole. Tal transformación trajo consigo variaciones en el matrimonio. Estos se han atrasado en la edad, (a una media de más de treinta años) y reducido en una tercera parte, incluyendo los de persona del mismo sexo.

Además del matrimonio, ha habido importantes cambios. En la actualidad la sexualidad, vivida sin compromiso, es lícita para ambos sexos y con una iniciación anterior. Se ha producido una prolongación de la vida sexualidad, superando la menopausia. De la misma manera de emparejamientos, especialmente en el caso de las mujeres. También la pasividad femenina ha descendido. Ahora las relaciones sexuales no son evaluadas con los mismos criterios. Aunque la mujer que manifiesta su deseo explícito sigue castigada en su reputación. Sin embargo,estas habladurías e incluso la violencia sexual, no provienen de pulsiones sexuales masculinas incontrolables, sino que son una estrategia o lenguaje para “colocar a la mujer en su lugar”. El ciberacoso y otros, son subterfugios tradicionales del m ismo machismo actualizado. La violencia denunciada es la actitud reaccionaria frente al avance de la igualdad de la mujer frente a privilegios. Es en las grandes ciudades donde – como se ha dicho-las jóvenes más sufren agresiones sexuales, que son más muestras machistas por el dominio del espacio público.

En resumen, el hecho de que el machismo se exprese a través de la sexualidad, no significa necesariamente que venga propiciada por la misma. La indignación que provoca la revelación de esta violencia se debe a la rebeldía de quienes se reafirman en impedirla. Que esa lacra se extinga es una terea política que nos atañe a todos y a todas