El 1 de noviembre, es en el calendario cristiano el Día de Todos los Santos,  una fiesta eminentemente religiosa. En la mayor parte de los países de tradición cristiana se homenajea a los santos. Significa para la mayoría de las familias un día de recogimiento, para recordar a los ya no están con una visita al cementerio, limpiando lápidas, se engalanan con flores frescas, se reza,  se asiste a misa, …

Pero este rito tiene un origen ancestral.  Los celtas, sacralizaron los cambios estacionales, el final del verano con el principio del otoño y el invierno. Una época oscura en el que la Naturaleza “muere” para volver a renacer en primavera en el que la Naturaleza “revive” . El llamado Sahmhain, que significa “fin del verano”, los druidas hacían de intermediarios “mediums” entre el mundo de los vivos y los muertos.

Con la llegada de los romanos el ritual se centró en el culto a la diosa Pomona, que proporcionaba la cosecha que se recoge al final del verano. Ofrecían leche, miel y harina a los espíritus de los difuntos y se encendían velas para guiar a los difuntos.

Con la cristianización de lo pagano, en el siglo IX, la fiesta de “Todos los Santos”  se trasladó al 1 de noviembre por orden del papa Gregorio IV. Los primeros cristianos lo celebraban el 13 de mayo, dedicando este día a todos los mártires que habían muerto por la fe cristiana, ya que todos  no cabían en el calendario, y se les asigna este día.

Los ingleses denominaban “All Hallow’s Eve” o “Vigilia de todos los Santos”,  al día previo a la festividad, nombre cuya pronunciación evolucionó y pasó a llamarse “All Hallowed Eve” , después “All Hallow Een” y por último a “Halloween”

En España se cocinan “gachas” a base de agua, leche, harina y miel, herencia romana. Y se asan castañas.

En algunos pueblos de Jaén mantienen antiguas tradiciones. En  Begijar  los jóvenes salen a la calle con cazuelas llenas de gachas y tapan las cerraduras de las viviendas para que no entren en ellas los malos espíritus. Y en Baños de la Encina antiguamente las campanas de la iglesia no paraban de repicar día y noche, con ocasión de Los Difuntos. Los hombres marchaban al campo para alejarse del ruido, mientras las mujeres se quedaban rezando. Hoy en día las campanas no repican como antaño pero se organizan peñas que se van al campo a pasar unos días, comer gachas dulces, cantar y pasarlo bien.