La Muestra de Dulces Conventuales acerca al público marteño y al de la comarca de Sierra Sur la tradición pastelera de los conventos de clausura andaluces, en muchos casos de transmisión secular.

Borrachuelos, tejas, roscos de piñonate, panallets, tocinos de cielo, cocadas, huesos de santo, alfajores, trufas, mostachones, magdalenas, pastas, tortetas, empanadillas de cabello de ángel, mazapán, tronquitos de chocolate… son algunos de los típicos dulces, no sólo navideños, que forman parte del catálogo de productos en exposición y venta.

Materias primas no industriales, la mayoría humildes y sencillas: harina, azúcar, aceite, ajonjolí, miel, almendras, cacao, nueces o avellanas. Pero el secreto del porqué superan los siglos como referentes de la repostería de calidad reside en valores intangibles: la virtud, el amor, el tiempo que le dedican y un perfecto equilibrio entre los ingredientes, que dan como resultado creaciones totalmente artesanales y permiten mantener vivos al paladar los sabores de recetas centenarias.

La recaudación por la venta de los dulces confeccionados por las religiosas contemplativas no solo ayudarán al sostenimiento de los gastos diarios de esas órdenes, sino al mantenimiento de los monasterios participantes, en muchos casos de enorme valor histórico-artístico y obligación que, en muchos casos, tienen que soportar a su cargo.

Este año participan en la muestra de dulces seis cenobios, de tres provincias andaluzas, con más de medio centenar de productos: “Trinitarias” de Martos, “Comendadoras” de Granada, “Concepcionistas” de Osuna y “Clarisas” de Jaén (Santa Clara), Granada (Encarnación) y Alcalá de Guadaira.

Organiza el mercado conventual la Corporación de la Santa Vera Cruz de Martos (Jaén).